Este es un espacio para compartir escritos breves, reflexiones, testimonios de experiencias vividas, relatos o incluso algún poema ocasional... A este blog lo acompañará otro de la misma autora titulado "Pensar con otros", destinado a textos que, a diferencia de lo que sucede aquí, nacen de la lectura de otros textos o del visionado de películas o exposiciones. BLOG PROTEGIDO POR COPYRIGHT.
viernes, 15 de agosto de 2025
Poma
lunes, 21 de julio de 2025
Manifiesto en favor de la materia en el Arte
Volver a empezar. In medias res. Simplemente dejando que la luz del río se escurra entre los dedos como cuando en medio de la noche la luna llena irrumpe con sus rayos en el corazón del estanque tranquilo.
Cierras los ojos, y cuando los abres el reflejo de la luz sobre el agua se ha convertido en una silueta iluminada de azul. Parece que en su espalda se insinúan sus maravillosas alas de color plateado, que lentamente se agitan intentando contener lo mismo que contiene una caja agujereada por la que ha penetrado el agua de la lluvia.
Sí. Es más difícil cuando el flujo tiene que manifestarse en palabras. Los colores, los sonidos, tienen la inmediatez de la que ésta carece.
Pero nuestra misión es esta: hacer de la palabra luz, sonido, colores, tacto. Porque llega un momento en que de lo único de los que se trata es de tocar y de dar forma a un cuerpo. Esculpirlo, conocerlo, recorrerlo, penetrarlo, incluso hacer que sea él mismo quien penetre la materia.
En la música hay lenguaje, en el canto hay lenguaje, en la poesía hay lenguaje, la pintura es lenguaje, inmediatez de la materia que se imprime sobre la materia, sin conocimiento previo de un lenguaje, tal vez sólo mera exploración instintiva.
domingo, 20 de julio de 2025
La habitación
Estaba sentado en una habitación oscura.
Sobre el cemento, en el silencio de los muros que acorralaban sus sombras, había un pedazo de madera quemada.
No recordaba como había llegado hasta allí.
Recordaba el olor del fuego y el sabor húmedo del pino. Y observaba con ojos enloquecidos la punta del madero acabado de arder.
No había ni puertas ni ventanas.
No había siquiera un tímido haz de luz con el que iluminar la estancia marchita.
Escuchó su corazón palpitar y le pareció de repente recordar una antigua canción olvidada.
Había dejado de sentir el hambre y la sed.
Había dejado de sentir el tacto en la piel encendida.
Sus ojos escrutaban la oscuridad intentando reconocer los contornos del espacio, y de pronto sintió un dolor agudo en las entrañas.
Los latidos del corazón golpeaban cada vez cob más fuerza las paredes de la caja torácica.
Y entonces, sin saber de donde ni por qué, profirió un grito que retumbó en la paredes de cemento y partió su rostro en un llanto profundo.
El primero.
En aquel momento volvió de nuevo su mirada hacia el suelo y al topar con la madera carbonizada la tomó entre sus manos, se incorporó lentamente y con las rodillas hincadas en el cemento escribió sobre su superficie una palabra con la punta quemada.
De repente, la pared situada a sus espaldas emitió un ruido plomizo y metálico, y la puerta se abrió.
viernes, 27 de junio de 2025
Azul
Existe una dimensión
aquí en la tierra
tan inundada de belleza,
de infinito,
que las voces de las estrellas
parecen cantar en nuestros oídos.
Se abren espacios luminosos
llenos de cascadas,
de ríos,
donde sombras de libertad
resplandecen con alas de coraje.
Entonces veo brillar la luz azul
que llevas en tu equipaje
como un pedazo de luna
escondido entre las pupilas.
Y sientes que la Tierra
nada es
sino polvo del cielo
y que tu saludo final
es un cántico que se eleva
hacia el firmamento.
(Gracias a Yes tchem ouzoum dzerani, Lévon Minassian)
Arte?
Perché fa tanto male
sentirsi esclusi dall'Arte
solo perché non si è fatto
di ciò una professione?
Chi dice che essere artista
sia soltanto presentarsi
agli occhi del mondo come tale?
Ci sono artisti nascosti
che lo sono talmente tanto
nel fondo dei loro cuori
che ci darebbero la vita
anche a costo
dell'anonimato.
Nueva Vida
Recoger pedazos esparcidos
de la vida y comprobar
cómo fragmentos de luz
claman en el silencio,
desde una ventana
con las cortinas corridas.
Bastaría correr el velo
para auscultar los sonidos
despiertos de la noche,
mientras abrazos de fuego
queman los libros antiguos
cediendo el paso
a las páginas blancas
del nuevo día.
***
No mirar atrás
ni escuchar el zumbido
de las abejas que todavía
non han podido
recoger la miel del invierno.
Hay fuegos que sólo
unos pocos despiertos conocen,
capaces de quemar las pupilas
de las miradas del mundo.
Ojos que te hacen pender
de una cruz,
y que no ven que esa cruz
es la condición
para la Nueva Vida.
miércoles, 12 de marzo de 2025
Ojos que ven
¿Cuántas veces hemos oído hablar de la guerra? La guerra parece siempre lejana. La guerra es algo que les ocurre a los demás. La guerra es lo que leemos en los periódicos, vemos en las películas, en las noticias, en las novelas, en la televisión. La guerra pertenece al mundo del pasado o al de la ficción. Pero un día la guerra llama a la propia puerta. Y estoy segura de que la mayoría de vosotros, en el momento en que he pronunciado estas palabras, lo primero en lo que ha pensado ha sido en la guerra entre Russia y Ucraina, la guerra que podría llamar a nuestra puerta, más que ninguna otra.
Pero no es de esa de la que quiero hablar hoy, sino de aquella de la que no hablan ni los periódicos, ni el telediario, más que en raras ocasiones. Desde hace ya años existe en el corazón del África una guerra latente, silenciosa, en el país al que llaman, como nos explicó el obispo de Uvira después de acogernos en su casa un día de tormenta, el “diamante.” En África muchos llaman a la República Democrática del Congo “diamante” porque se trata probablemente de uno de los países más ricos no sólo de África sino del mundo entero. Y, precisamente por eso, uno de los más pobres. Desde hace poco más de un mes el M23 ha decidido pasar a la acción. Un 27 de enero, día de la memoria, día en el que parece que de nada sirva recordar los males del pasado para evitar aquellos presentes y futuros.
Por primera vez en mi vida, he sentido la guerra llamar a mi puerta. Llama cada día a la puerta de Luisa y de Antonina, las dos mujeres que con una acogida y generosidad que no olvidaré nunca, nos ofrecieron la comida de Pascua más significativa que he probado en mi vida. La Pascua del 2023. Dos años más tarde Luisa ha tenido que ver con horror como los presos escapaban de la prisión que durante tantos años ha visitado todas las semanas. Una prisión con cabida para 500 presos en la que habitaban 3000. Una prisión donde los detenidos dormían a turnos de noche, de pie, por falta de espacio. Una prisión en la que las guardias eran los mismos prisioneros y en el interior da la cual la ONU acogía en sus tiendas a los enfermos de tuberculosis a los que Luisa se aproximaba sin temor, sin haber contraído nunca la enfermedad.
Hace poco más de un mes, la semana en la que todos recordábamos a las víctimas de los campos de concentración, la prisión de Goma ardía, y con ella algunas de las mujeres que, después de haber sido violentadas, no pudieron escapar.
Esta guerra llama a mi puerta todas las mañanas, a través del teléfono móvil con el que intercambio mensajes que no pueden hacer nada más que transmitir cercanía y oración. El mismo teléfono móvil que ha sido fabricado con el coltán del que el grupo armado ruandés M23 quiere apropiarse, gracias al financiamiento de algunos países europeos y norteamericanos. Porque el M23, que debería ser una simple milicia, es un ejército tan potente como el de las Naciones Unidas, mientras que el ejército congolés es prácticamente inexistente.
La guerra llama a mi puerta sí, y lo hace desde el objeto que sin quererlo me convierte, nos convierte, en cómplices de la misma. Es una culpa de la que difícilmente podemos escapar, inmersos en una especie de dictadura tecnológica silenciosa, ya que sin estos aparatos que nos hemos encontrado en cuestión de pocos años entre las manos, estamos condenados a la exclusión. No solo de modas, grupos, amigos, sino del propio trabajo…
La guerra llama a la puerta. Aparece en la pantalla de mi móvil en forma de mensaje. Esta vez es Moïse quien me escribe desde el Hospital Saint Vincent de Bukavu, donde dos años atrás me encontraba sonriendo y abrazando a un niño desconocido, o intentando aliviar el dolor a una mujer desconocida en la sala de parto. Me ha mandado unas fotografías. Verlas unos pocos segundos ha sido suficiente para hacerme perder la concentración durante todo el día. No soy capaz de describirlas. Cuerpos heridos por la calle, restos de sangre sobre la tierra, y otras cosas que no citaré, imágenes vivas del horror. El horror que no pertenece al pasado, sino al presente, que probablemente en un futuro recordaremos como hoy recordamos el horror del pasado, y que permanece escondido y silenciado como antaño lo fueron los campos de concentración.
¿Qué hacer frente a esta guerra que está llamando a nuestra puerta, aunque hagamos todo lo posible por mantenerla escondida? No sé lo que podemos hacer. Pero sé lo que no podemos hacer: no podemos callar. No podemos simularnos ciegos. Es preciso dar visibilidad a este mal en el que estamos todos inmersos. Quizá así algún día el mundo tenga la suerte de reconocer la maravillosa luz que habita en la mirada y la sonrisa de personas como Jeff, Frank, Moïse, Jules, Charmant, Patrik, las mujeres del SAD, Luisa, Antonina… Y los millares y millares de personas que siguen cultivando la belleza y el bien en medio de los horrores del mundo.



