¿Seremos capaces de seguir creyendo en la belleza cuando con los huesos rotos y la mirada esculpida por el tiempo no podamos mirar más allá del horizonte?
¿Podremos seguir cantando bajo el cielo azul en invierno cuando dejemos de dibujar siluetas en el mar infinito?
Aunque el cielo esté iluminado por la luz de la mañana y las estrellas nos observen desde lejos y nos pregunten qué hacemos nosotros aquí, ¿todavía nos será posible imaginarnos en una condición de semejanza al infinito que atenúe los golpes de la vida en la espalda y el peso de la oscuridad en nuestros músculos cansados?



