domingo, 15 de octubre de 2017

Reflexiones de un soñador errante


       Viajaba por los lugares del mundo con el corazón abierto. Su respiración se aceleraba cada vez que giraba una esquina, que dejaba atrás una avenida, que una nueva calle se le aparecía. Caminaba por las ciudades del mundo desprovisto de objetivo y con las necesidades materiales justas. Gozaba del placer que le proporcionaba el simple susurrar del viento cuando, los pies cansados por el suelo recorrido, se estiraba sobre la yerba de un parque y escuchaba el crujido de las hojas y las voces remotas de los niños.
Era domingo y las calles no estaban especialmente vacías. Había logrado dejar atrás el sopor que inundaba los domingos de su infancia en casa de sus abuelos. Ahora no pertenecía a nadie. Se pertenecía a sí mismo y a los espacios, siempre nuevos, que recorría. Contemplaba absorto los troncos enormes de los árboles del parque, cuyas raíces sobresalían de la tierra, y uno podía imaginarse descansando en ellas. ¿Era egoísmo? Tal vez lo fuera, pero no le importaba. Se trataba a toda costa de realizar el propio sueño. Ser fiel a sí mismo. Vivir su vida.
Por supuesto, era consciente de que no existía una libertad absoluta. No podemos prescindir de los gobiernos. Nos gobiernan hasta cuando tomamos un café en una cafetería o compramos un billete en el metro. Pero su batalla era distinta. Se trataba de desafiar, no ya las leyes de los hombres, que no entendía, sino las de la gravedad y las del tiempo. Elevarse por encima de las horas y sobrevolar la hierba de los parques, el asfalto de las carreteras, el polvo de los caminos, la arena de una playa desierta. Saltar por encima de las dunas y atravesar con el corazón las nubes. Entonces realmente lo creía. Creía ser tan libre como un pájaro y fecundo como una semilla.
Aquella mañana había tenido dos ideas, que no sabía si sería capaz de llevar a cabo. La primera era sencilla. Se le ocurrió convocar una manifestación mundial en contra, no ya del comercio de las armas, sino de su existencia misma. Una manifestación donde todos los ciudadanos de todas la ciudades y poblaciones del mundo que lo quisieran, salieran el mismo día a la misma hora (cada uno según su propio fuso horario) a celebrar con pancartas gigantes que también nosotros tenemos voces, aunque seamos invisibles; y que no somos muchos, sino muchísimos.
Tiempo ha, había tenido una idea similar que nunca había llevado a cabo: instaurar una Jornada Mundial del Silencio (JoMSi) donde también todas las ciudades y poblaciones del mundo, durante un día, no pudieran hacer ruido de ningún tipo: ni coches, ni aviones, ni helicópteros, ni aires acondicionados, ni calefacciones, ni luces. Todo en silencio, de la medianoche a la medianoche siguiente. Naturalmente, eso sí que era imposible. Sin embargo, por primera vez en su vida, acariciaba la idea de la Manifestación Mundial Contra la Existencia de las Armas en el Planeta (M.M.C.E.A.P.), como una posibilidad real. Y se dormía por las noches inundado de una felicidad inmensa.
La segunda idea que le rondaba por la cabeza era menos plausible, tan quimérica (sino más) como la de la Jornada Mundial del Silencio. Era precisa la creación de un Cuerpo de Bomberos Destinados a Quemar el Dinero (C.B.D.Q.D). Sí. Habéis imaginado bien. La idea se inspiraba en la mítica novela de Ray Bradbury, Fahrenheit 451, en que el autor imaginó un mundo futuro, terrible y desolador, donde los bomberos tenían por función no la de apagar incendios, sino la de quemar todos los libros. ¿Por qué no quemar en vez todo el dinero del mundo?
     Imaginemos un mundo sin armas y sin dinero. No lo podemos negar: se abre ante nosotros un abismo de silencio. Imaginar un mundo sin armas y sin dinero, es imaginar el no-mundo, una especie de abismo insondable, inconcebible e inefable. Sería más o menos como pretender imaginar a Dios. Pero (bromas aparte), una vez superado el trauma inicial, imaginemos. Imaginemos de verdad. Algunos lo considerarían como un trágico retorno a la Edad de Piedra, a la Época del Pleistoceno. Otros, como nuestro querido soñador viajero, lo consideraría como un retorno al paraíso. Obviamente hay algunas cuestiones logísticas que habría que considerar, como por ejemplo que todas las armas del mundo y todo el dinero del mundo, fueran destruidos a la vez, con total equidad. Si ello fuera posible (ya sabemos que no lo es), ¿qué ocurriría?

El soñador errante meditaba sobre todas estas cuestiones cuando se dio cuenta de que el sol empezaba ya a ocultarse por detrás de los edificios. Miró por última vez el inmenso tronco del árbol cuyas raíces sobresalían de la tierra y sobre las que ahora yacía sentado un niño, y se levantó. Aquella tarde de domingo las calles no estaban especialmente vacías. Ardía sobre las hojas de los árboles un sol de mediados de otoño y las personas que se cruzaba por la calle, sonreían. Sin saber hacia dónde dirigirse, ni cuál era el siguiente paso a seguir, tomó la bolsa con el cuaderno y el par de libros que siempre lo acompañaban, y  se perdió calle arriba, hacia un nuevo lugar, una nueva historia, otro destino.


                                           



Immagine


Sfera di luce che cade nell’acqua. Un uccello bianco rimane sulla superficie. Il fiume che scorre lentamente e finisce in un lago. È tardi. Le stelle incominciano a spuntare nell’immensità del cielo. Silenzio e quietudine. La sfera intraprende il volo portata de le ali del uccello. Penetrano l’universo infinito, si perdono in orizzonte lontano fin che la sfera inizia crescere e l’uccello si trasforma in un angelo. Leggerezza, battito di ali, occhi che si chiudono.   
Un bambino dorme nella sua stanza con la finestra aperta. La sfera, ormai scesa, arriva alla finestra. La stanza del bambino si inonda di una luce bianca. Il bambino chiude di nuovo gli occhi e tutti scompaiono. Rimane soltanto una piccola stella nel firmamento. Anche lei finisce per sparire lentamente e tutto rimane nel buio.

Una figura seduta davanti al lago guarda gli anelli che si spandono. È l’ora del tramonto. O forse è l’alba?

viernes, 25 de agosto de 2017

¡Altisimamente recomendable!




Si cada uno de nosotros respondiera a sus autenticas vocaciones como es debido, el mundo iría infinitamente mejor. ¡Pero qué dificil llegar a discernir la propia vocacion...!

viernes, 18 de agosto de 2017

Barcelona 2017

Se ha abierto una herida
en el corazón del mundo.

Calles maltratadas
ruedas de molino
que recogen sangre
junto a negras aguas.

Pero en el silencio
de la noche oscura
nace una mirada
transparente y clara
que con su sonrisa
vierte un agua limpia.

Barcelona mira
triste sus entrañas
y en silencio aguarda
a que sane la herida.

sábado, 12 de agosto de 2017

Archirealismo


    Lágrimas blancas sobre la tierra húmeda. En el silencio de la medianoche, una constelación de sonidos que murmuran cánticos antiguos desde el corazón de la ciudad. Hay en el centro del jardín un grupo de palmeras silenciosas que escuchan el rumor de la tierra. Contemplo las flores abiertas sobre el muro. Alguien ha llamado a la puerta al observar que tu sonrisa por un momento se detenía y que desde el interior de una mañana de noviembre cantabas a la medianoche un poema que tal vez aprendiste tiempo atrás. A veces te preguntas qué sentido tiene la espera y te respondes que el único sentido es el de componer una canción de cuna que haga más llevadero tu transcurrir por el tiempo del mundo. Pero las paredes son duras y el tiempo es largo y fatigoso bajo el sol. Se esconden las lagartijas entre las piedras y los arbustos. Y el momento en que se abren las compuertas de una historia que no crees haber vivido tú, se abre bajo tus pies un abismo de silencio y locura, abocándote al sinsentido y al dolor.